Los efectos económicos y jurídicos del cambio climático en el Ártico
El cambio climático





Nuestro comportamiento ante el medio natural decide el equilibrio del medio ambiente, por lo que debemos ser respetuosos ante la vida y preservar las reservas de energía.



El paso del Noroeste, a través de las heladas islas del archipiélago ártico canadiense, fue el objetivo de una larga serie de expediciones llevadas a cabo a partir del s. XV.




El cambio climático aboca a la extinción a los pingüinos entre otras muchas especies.




Los indicios acumulados por diversos estudios revelan que el riesgo de extinción del oso polar es mayor de lo que se creía hasta ahora. Los científicos piden a las autoridades que adopten medidas urgentes para proteger a esta especie.

El Ártico es uno de los ecosistemas naturales más sensibles al calentamiento global provocado por la acción humana, como demuestra el retroceso de su casquete de hielo polar. Paradójicamente, la degeneración de este gélido hábitat ha dado lugar a una carrera diplomática y jurídica por la soberanía sobre las regiones árticas, que contienen enormes reservas energéticas, y para controlar las rutas de navegación abiertas gracias al retroceso de los hielos.

Un ecosistema amenazado

Las regiones árticas, situadas en la zona que rodea al Polo Norte, están constituidas por los territorios litorales e insulares bañados por el océano Glacial Ártico, que corresponden al norte de Rusia, Estados Unidos (el estado de Alaska), Canadá, Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia, además de Groenlandia (territorio autónomo de Dinamarca).

Gran parte de este área terrestre está cubierta por una capa de hielo, de extensión variable según sea la época del año: el casquete polar ártico. Las extremas condiciones de vida provocaron que estas tierras permanecieran durante siglos prácticamente deshabitadas por el ser humano. Sin embargo, el calentamiento sufrido por la atmósfera terrestre y las capas superiores de los mares a consecuencia de las emisiones industriales de gases de efecto invernadero ha provocado rápidos cambios en su ecosistema, plasmados en el progresivo deshielo del casquete polar.

Muestra de lo anterior ofrecen los datos extraídos de estudios realizados por distintos países en la zona. Estados Unidos, en concreto, ha efectuado mediciones por satélite de la superficie helada ártica desde 1979. Gracias a tales observaciones se sabe que la extensión del casquete polar ártico en 1979 era de 8.100.000 km2, mientras que en 2007 había disminuido hasta los 5.320.000 km2. Otros estudios realizados con submarinos reflejan una disminución del grosor de la capa de hielo ártica de hasta el 40 % en sus puntos más endebles.

Lo anteriormente apuntado indica que el Ártico, antaño una zona vedada para el común de los seres humanos por su extrema rudeza climática, está evolucionando hacia condiciones ambientales menos inhóspitas como consecuencia del cambio climático. Variación que afecta gravemente a decenas de especies animales, abocadas repentinamente a la extinción por la rápida destrucción de su hábitat, pero que también ha reportado inesperadas consecuencias económicas: el retroceso geográfico de los hielos ha creado condiciones reales de acceso a las reservas extractivas que la capa de hielo sepultaba hasta la fecha, además de dejar expeditas dos rutas marítimas de estratégica significación comercial, los pasos del Noroeste y del Noreste.

El nuevo paraíso energético

Gracias al deshielo y a las nuevas tecnologías se ha inaugurado en latitudes árticas la explotación de una riqueza mineral -abundan el petróleo y el gas natural- antes inaccesible, cuya extracción viene acicatada por los elevados precios del crudo, que la convierten en una actividad más que rentable. Según las prospecciones geológicas estadounidenses, el 25 % de las reservas de hidrocarburos del planeta se hallan en la región.

La explotación, de hecho, ya ha comenzado. Buen ejemplo de ello brinda Noruega, que hasta la fecha se abastecía de crudo en sus yacimientos del mar del Norte, cuyo rendimiento decreció en 2007 en un 18 %. Las prospecciones noruegas habían descubierto en 1984 una gran bolsa de gas en el subsuelo del mar de Barents, junto a la isla de Melkoya, en plena región ártica, pero los medios técnicos de la época no eran suficientes para su explotación. Desde septiembre de 2008, el retroceso de los hielos ha permitido la puesta en funcionamiento en dicha isla de la primera planta de Europa en producción de gas natural, así como la más cercana al Polo Norte. Dicha factoría, proyecto conjunto de Statoil, empresa noruega, y de las francesas Total y Gaz de France, exporta gas a distintos países, entre los que destacan Francia, España y Estados Unidos.

La italiana ENI, por su parte, trabaja muy cerca de Melkoya, en otro gran yacimiento denominado Goliat. En cuanto a Rusia, el país con mayor extensión costera en la zona ártica, ha comenzado a extraer gas de una gran bolsa situada frente al litoral de Siberia.

Nuevas rutas de navegación

Otra de las consecuencias económicas del creciente deshielo de la región ártica estriba en la apertura de rutas marítimas que permitirían una rápida comercialización de los hidrocarburos extraídos en los nuevos yacimientos.

Se calcula que es posible ahorrar hasta un 40 % de tiempo en el viaje entre Europa, Asia y América a través de los pasos árticos del Noreste y el Noroeste. El primero se halla en las costas de Siberia; en la actualidad se mantiene abierto durante 20 días al año, pero antes era prácticamente impracticable, pues tan sólo los rusos se atrevían a surcarla, en las épocas del año con clima más bonancible, a bordo de enormes rompehielos. Se prevé que esta vía marítima quede definitivamente expedita en 2080, por efecto del cambio climático.


En cuanto al Paso del Noroeste, situado entre Groenlandia y el estrecho de Bering a través de las islas del norte de Canadá, quedó libre de hielos por primera vez en el estío de 2007. Ambas rutas ofrecen vías alternativas al canal de Panamá para el tráfico marítimo entre Europa y el océano Pacífico. Un ejemplo: el trayecto Tokio-Hamburgo se reduciría en más de 8.000 km, de realizarse a través del Paso del Noroeste, lo cual supondría un considerable ahorro económico, tanto por la reducción del combustible consumido en el trayecto como por evitarse el pago del peaje del canal transoceánico.

Tensiones internacionales

La posibilidad de explotar las riquezas energéticas del Ártico ha convertido esta región en objeto de litigio internacional. Hasta la fecha, los territorios polares estaban bajo jurisdicción de la Ley del Mar de las Naciones Unidas, promulgada en 1982, que establecía para cada país ribereño del océano Glacial Ártico una extensión de aguas territoriales de 12 millas náuticas, a las que se añadían otras 200 con derecho a explotación de los recursos y el lecho marinos. Dicha ley establecía también un plazo, a finalizar en 2009, para que los países solicitasen la ampliación de sus aguas territoriales hasta 300 millas, en caso de poder demostrar que el lecho marino anexo a su zona de soberanía se extiende más allá de las 200 millas establecidas.

La revalorización de este gélido desierto ha desembocado en tensiones entre los distintos países con aspiraciones soberanas sobre sus territorios, como son Rusia, Noruega, Dinamarca, Estados Unidos y Canadá; cinco estados que mantienen varios contenciosos sobre distintas zonas árticas que suman una superficie total de 1.200.000 km2, no sujetos a soberanía alguna.

En agosto de 2007, Rusia disparó las tensiones al enviar dos batiscafos a recoger muestras faunísticas y geológicas a más de 4.000 m de profundidad en el océano Glacial Ártico. Su intención era demostrar la prolongación de la plataforma continental siberiana en las cordilleras submarinas de Lomonósov y Mendeléyev, ricas en petróleo, gas y minerales. Dio la vuelta al mundo la imagen propagandística de una bandera tricolor rusa de titanio plantada por la expedición en el lecho marino, a 4.261 m de profundidad.

Con 1.800 km de longitud, la cordillera de Lomonósov se extiende a través del Polo Norte, desde el litoral de Siberia hasta Groenlandia, territorio de soberanía danesa, y la canadiense isla de Ellesmere. Las autoridades de Dinamarca y Canadá han emprendido estudios similares a los impulsados por Rusia, si bien para demostrar la hipótesis contraria, esto es, la pertenencia de la cordillera a las masas continentales groenlandesa y canadiense. Por otra parte, ambos países reclaman para sí la jurisdicción sobre la isla de Hans, situada en mitad del estrecho de Nares, que separa Groenlandia de Ellesmere y es una de las vías de comunicación directa entre el océano Atlántico y el Polo Norte. Un conflicto similar enfrenta a Noruega y Rusia por las islas Svalbard, hoy controladas por el gobierno de Oslo.

Las disputas, hasta ahora diplomáticas, adquirieron en agosto de 2007 sus primeras implicaciones militares, cuando Canadá anunció la creación de una base militar en Resolute Bay (isla de Cornwallis), un enclave de estratégica ubicación para controlar el paso del Noroeste. La base contará con una guarnición de más de un millar de efectivos y varios rompehielos armados.

En busca de un acuerdo internacional

Desde 1996 existe el Consejo Ártico, integrado por Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia, Suecia y Estados Unidos; la conservación del medio ambiente y el desarrollo sostenible son sus objetivos principales. Sin embargo, los últimos acontecimientos han restado influencia a esta organización internacional, a cuyo margen se firmó, en mayo de 2008, la llamada Declaración de Ilulissat, que tomó su nombre de la localidad groenlandesa homónima, donde se encontraron representantes de alto nivel de Dinamarca, Canadá, Noruega, Rusia y EE UU. El documento invocaba el diálogo como instrumento de resolución de tensiones y ratificaba la voluntad de los firmantes de respetar las convenciones vigentes de Naciones Unidas, así como el propósito de someterse a la mediación de la institución internacional en caso de conflicto. Además, los países concernidos manifestaron la necesidad de incrementar la cooperación económica en el Ártico, sobre todo por lo que respecta al fomento del tráfico marítimo internacional.